En la era digital, las redes sociales han transformado la forma en que nos comunicamos y compartimos información. Sin embargo, su impacto en la salud mental infantil y en la dinámica familiar es un tema de creciente preocupación. En los últimos años, muchas familias expresan: “Mi hijo está más irritable, más ansioso, más desconectado”…
Lejos de ser un problema individual, este malestar refleja un cambio profundo en el contexto en el que crecen niños y adolescentes. Las redes sociales ofrecen a los niños una ventana al mundo, pero también pueden exponerlos a diversos riesgos. La comparación constante con los demás, la presión por obtener “me gusta” y la exposición a contenido inapropiado pueden contribuir a problemas de autoestima, ansiedad y depresión en los niños. Además, el fenómeno del ciberacoso ha aumentado significativamente, generando consecuencias graves para la salud mental de los más jóvenes.
Hoy, la infancia y la adolescencia transcurren entre pantallas, notificaciones y redes sociales, en un entorno que estimula constantemente pero regula poco. Comprender este escenario es clave para acompañar de manera más consciente y saludable.
¿Por qué aumenta la ansiedad en niños y adolescentes?
El aumento de la ansiedad no se explica solo por factores personales. El cerebro infantil y adolescente aún está en desarrollo, y necesita:
Ritmos previsibles
Vínculos reales
Juego libre
Experiencias de autonomía progresiva
Cuando estos elementos son reemplazados por una exposición excesiva a pantallas, el sistema nervioso se mantiene en estado de alerta constante, dificultando la regulación emocional. La ansiedad aparece como una respuesta adaptativa a un entorno que exige más de lo que el cerebro puede procesar.
Redes sociales y comparación constante
Las redes sociales introducen un factor clave: la comparación permanente. Niños y adolescentes se exponen a:
Imágenes idealizadas
Cuerpos, vidas y logros irreales
Medición del valor personal a través de “likes” y visualizaciones
Esto impacta directamente en:
Autoestima
Seguridad emocional
Sensación de pertenencia
Desde la clínica, se observa un aumento de:
Miedo al rechazo
Necesidad de validación externa
Dificultades para construir una identidad sólida
De la infancia del juego a la infancia de la pantalla
Durante años, el juego libre fue la principal herramienta de desarrollo emocional. A través del juego, los niños aprendían a:
Resolver conflictos
Tolerar la frustración
Conectar con otros
Regular emociones
Hoy, gran parte de ese tiempo es reemplazado por consumo digital pasivo. El resultado no es “falta de capacidad”, sino falta de oportunidades para entrenar habilidades emocionales.
Sobreprotección en lo real, desprotección en lo digital
En muchas familias aparece una paradoja frecuente:
Adultos que controlan en exceso el mundo físico
Adultos que subestiman el impacto del mundo digital
Esto genera niños con:
Poca autonomía real
Alta exposición a estímulos emocionales intensos
Dificultades para poner límites internos
Acompañar no es vigilar, sino guiar con presencia, límites y coherencia.
¿Qué pueden hacer las familias?
No se trata de eliminar la tecnología, sino de ordenar su lugar. Algunas pautas saludables:
Retrasar el acceso a redes sociales
Establecer límites claros y sostenidos
Priorizar el juego, el movimiento y el encuentro presencial
Validar emociones sin sobreproteger
Enseñar a reconocer lo que sienten y ponerlo en palabras
Los niños no necesitan padres perfectos, sino adultos disponibles emocionalmente.
El rol de la psicología en la prevención
Desde la psicología infantil y familiar, el foco está en prevenir antes de intervenir. Trabajar con las familias permite:
Fortalecer el vínculo
Mejorar la comunicación emocional
Brindar herramientas de regulación
Acompañar el desarrollo con límites amorosos
La salud mental no se construye cuando aparece el síntoma, sino mucho antes, en lo cotidiano. Acompañar con conciencia, presencia y límites claros es hoy uno de los mayores actos de cuidado.
PSICÓLOGA VANINA CAPPA

