EDUCACIÓN EMOCIONAL Y AMISTADES

A medida que nuestros hijos crecen, las amistades adquieren cada vez más importancia. Y no se trata solamente de tener amigos, sino de aprender a reconocer cómo nos sentimos dentro de un vínculo. Que puedan descubrir que una amistad no debería exigirles dejar de ser quienes son para sentirse aceptados. Que estar con otros no significa tener que agradar a cualquier precio. Que decir “no”, expresar lo que sienten o alejarse de algo que no les hace bien también es una forma de cuidarse.

Como padres, no podemos elegir por ellos quiénes serán sus amigos. Pero sí podemos acompañarlos, conversar, hacer preguntas y ayudarlos a desarrollar esa brújula interna que les permita reconocer los vínculos donde hay respeto, confianza y libertad.

Porque crecer también es aprender que no necesitamos cambiar nuestra esencia para conseguir un lugar en la vida de alguien. Y quizás uno de los aprendizajes más valiosos que podemos regalarles sea este:

🤍 “Elegí vínculos donde puedas ser vos, no aquellos donde tengas que dejar de serlo para pertenecer…”

No podemos elegir sus amistades, pero sí podemos ayudarlos a aprender a elegir

Nuestro rol como adultos no debería ser construirles un círculo social perfecto. Tampoco podemos garantizar que nunca se sientan solos, rechazados o decepcionados. Pero sí podemos acompañarlos para que desarrollen recursos que les permitan reconocer:

  • Con quién se sienten cómodos.
  • Qué personas los hacen sentir bien.
  • Cuándo pueden ser ellos mismos.
  • Qué vínculos les generan bienestar.
  • Cuándo algo no les gusta.
  • Cómo expresar un límite.
  • Cuándo vale la pena acercarse y cuándo es mejor tomar distancia.

Porque una amistad saludable no significa estar siempre de acuerdo. Significa poder compartir, disfrutar, respetarse y, sobre todo, sentirse seguros siendo quienes somos.

No todos tienen que quererlos

Esta es una de las enseñanzas más importantes que podemos transmitirles. Nuestros hijos no necesitan gustarle a todo el mundo. No tienen que pertenecer a todos los grupos. No necesitan ser invitados a todos los planes. Y tampoco tienen que ser elegidos por todos para saber que tienen valor y que tienen un lugar.

A veces, como padres, el dolor de ver que nuestro hijo no es incluido puede llevarnos a intentar solucionar inmediatamente la situación. Pero acompañar no siempre significa intervenir.En ocasiones, acompañar significa escuchar. Otras veces significa ayudar a poner palabras, Y muchas veces significa dar un paso atrás y confiar.  Confiar en  nuestros hijos…

¿Cómo podemos enseñarles a reconocer una buena amistad?

No se trata de decirles simplemente: “Ese chico no te conviene” o “No seas amigo de esa persona”.

Cuando intentamos decidir directamente por ellos, especialmente durante la adolescencia, es posible que generemos resistencia. Es mucho más valioso ayudarlos a desarrollar su propio criterio. Podemos conversar con ellos a través de preguntas como:

¿Cómo te sentís cuando estás con esa persona?
¿Podés ser vos mismo o sentís que tenés que actuar de determinada manera para que te acepten?
¿Te sentís respetado?…
¿Esa amistad te hace sentir tranquilo o muchas veces terminás mal?…
¿Podés decir que no? ¿Te sentís escuchado?  ¿Celebran las cosas buenas que te pasan?…

Estas preguntas no buscan juzgar a sus amigos. Buscan ayudarlos a observar cómo se sienten dentro de sus vínculos.

Porque, muchas veces, enseñar a elegir buenas amistades comienza por enseñarles a escuchar sus propias emociones.

Las amistades que suman no son las amistades perfectas

Es importante transmitirles que ningún amigo será perfecto. Todos podemos equivocarnos, discutir o tener diferencias. Una amistad saludable no es aquella en la que nunca existe un conflicto. Es aquella en la que existe respeto.Donde se puede conversar. Donde pedir perdón es posible. Donde una diferencia no significa humillar, excluir o lastimar al otro.

Podemos enseñarles a preguntarse:

¿Este vínculo me permite crecer?  ¿Me siento acompañado?…
¿Hay respeto, incluso cuando pensamos diferente?   ¿Puedo ser yo mismo?…

Las personas que suman a nuestra vida no son necesariamente las que hacen todo como nosotros queremos. Son aquellas con quienes podemos construir vínculos donde existe respeto, confianza y reciprocidad.

Enseñarles a poner límites cuando algo no les gusta

Una habilidad fundamental para construir relaciones saludables es aprender a poner límites. Muchos niños y adolescentes temen decir lo que piensan porque tienen miedo de perder una amistad. Por eso, necesitan saber que poner un límite no significa ser malo, conflictivo o egoísta.

Un límite puede decir:

“Eso no me gustó.”

“No quiero jugar a eso.”

“No estoy de acuerdo.”

“Prefiero que no me hables así.”

“No quiero hacerlo.”

“Ahora necesito estar tranquilo.”

“Te quiero, pero esto no me hace sentir bien.”

Enseñar a nuestros hijos a poner límites también implica ayudarlos a comprender que una amistad que solo funciona cuando uno hace siempre lo que el otro quiere no es una relación equilibrada. Decir que no también es una forma de cuidarse.

Nuestro desafío: acompañar sin controlar

Probablemente una de las tareas más difíciles de la crianza sea aprender a encontrar el equilibrio entre proteger y permitir…

Queremos evitarles el dolor. Queremos impedir que alguien los rechace. Queremos solucionar aquello que vemos que les cuesta…

Pero crecer también implica aprender a atravesar pequeñas frustraciones, decepciones y situaciones sociales difíciles.

No significa dejarlos solos. Significa estar disponibles sin resolver todo por ellos. Podemos ser su lugar seguro. Ese espacio al que pueden volver para contar lo que les pasó. Para llorar, para enojarse, para pensar juntos, para buscar alternativas, pero no siempre tenemos que salir inmediatamente a resolver el problema. A veces, nuestra mejor ayuda es transmitirles: “Confío en vos. Estoy acá si me necesitas”…

Acompañar, guiar y confiar

Confiar en que pueden descubrir quiénes son, qué necesitan y qué personas quieren tener cerca.

Podemos ser su guía, su lugar seguro y su apoyo, sin convertirnos en quienes eligen por ellos.

Necesitan aprender, poco a poco, a construir SU CÍRCULO de amistad, un círculo donde puedan sentirse respetados, escuchados y libres de ser quienes son…