SER PADRES, EL NACIMIENTO DE UN HIJO…

Hablemos y reflexionemos acerca de este tema…

El nacimiento de un hijo marca un antes y un después en la vida de una familia. No se trata solo de la llegada de un bebé, sino del inicio de una profunda transformación emocional, vincular y personal. Ser padres implica un proceso de construcción que comienza incluso antes del nacimiento y continúa a lo largo de toda la crianza. Desde la psicología familiar, entendemos que este momento moviliza expectativas, miedos, ilusiones y también desafíos que muchas veces no se dicen, pero se sienten…

El NACIMIENTO DE UN HIJO. UN CAMBIO VITAL Y PROFUNDO

Cuando nace un hijo, nace también una nueva identidad: la de madre y padre. Este proceso no es inmediato ni automático. Requiere tiempo, adaptación y un gran trabajo emocional. Es esperable que aparezcan sentimientos ambivalentes: amor profundo, alegría, pero también cansancio, inseguridad, culpa o miedo a no hacerlo “bien”.

Estos sentimientos no indican falta de amor ni incapacidad. Indican humanidad.

Cada familia vive este proceso de manera única, atravesada por su historia personal, sus modelos de crianza previos y el contexto en el que ese niño llega al mundo.

LA REORGANIZACION DE LA PAREJA Y LA FAMILIA

La llegada de un hijo transforma la dinámica de la pareja. Cambian los tiempos, las prioridades, el descanso y la forma de vincularse. Muchas parejas atraviesan esta etapa con amor, pero también con tensiones, discusiones y sensación de distancia.

Es importante comprender que no se trata de una crisis, sino de una reorganización necesaria. Poder hablar, pedir ayuda, expresar lo que cada uno siente y no exigirse perfección es clave para transitar esta etapa de forma más saludable.

SER PADRES NO ES SER PERFECTOS

Uno de los mayores desafíos en la crianza actual es la presión por ser padres ideales. Las redes sociales, los mandatos sociales y las opiniones externas muchas veces generan culpa y autoexigencia excesiva. Desde la psicología, sostenemos que los niños no necesitan padres perfectos, sino adultos disponibles emocionalmente, capaces de equivocarse, reparar y aprender. Criar también implica dudar, cansarse, frustrarse y volver a intentarlo.

EL VÍNCULO TEMPRANO Y LA COSNTRUCCION DEL APEGO

Los primeros meses de vida son fundamentales para la construcción del vínculo y del apego. El apego seguro se construye a través de la presencia, la respuesta sensible a las necesidades del bebé y la coherencia emocional del adulto. No se trata de hacerlo todo bien, sino de estar, de mirar, de escuchar, de sostener. Incluso cuando hay errores, la reparación fortalece el vínculo.

EL IMPACTO EMOCIONAL

El nacimiento de un hijo también puede despertar emociones intensas relacionadas con la propia historia infantil. Muchas madres y padres se enfrentan a recuerdos, heridas o aprendizajes de su propia crianza. Acompañar este proceso desde un espacio terapéutico puede ser de gran ayuda para comprender lo que se mueve internamente y construir una parentalidad más consciente.

PEDIR AYUDA ES TAMBIÉN CUIDAR

Buscar orientación profesional, apoyo familiar o espacios de escucha no es signo de debilidad, sino de responsabilidad emocional. Criar no debería ser un camino solitario. La psicología familiar acompaña a las familias en este proceso, ayudando a poner en palabras lo que duele, lo que confunde y también lo que fortalece.

SER PADRES: UN CAMINO QUE SE CONSTRUYE DÍA A DÍA

Ser padres no es un estado al que se llega, sino un camino que se transita. Con errores, aprendizajes, amor y crecimiento. Cada hijo nos invita a revisarnos, a transformarnos y a construir una familia posible, real y humana.

Si estás atravesando el nacimiento de un hijo y sentís que necesitas acompañamiento, orientación o un espacio de escucha, la terapia familiar y parental puede ayudarte a transitar esta etapa con mayor bienestar emocional.

PSICÓLOGA VANINA CAPPA