Acompañando desde la neurociencia..
La adolescencia suele vivirse como una etapa compleja dentro de la familia. Cambios de humor, discusiones, impulsividad o aparente desinterés generan preocupación y desgaste emocional en madres y padres. Sin embargo, comprender qué ocurre en el cerebro adolescente permite cambiar la mirada y acompañar esta etapa con mayor calma, límites claros y vínculo.
¿Qué sucede En el cerebro durante la adolescencia?
El cerebro adolescente está en desarrollo. Durante esta etapa se produce una profunda reorganización neurológica que continúa hasta aproximadamente los 23 años…
La zona encargada de la planificación, la autorregulación emocional, el control de impulsos y la toma de decisiones —la corteza prefrontal— aún se encuentra en desarrollo. Esto explica por qué muchos adolescentes actúan sin pensar, les cuesta anticipar consecuencias o sostener conductas a largo plazo. Comprender esto no significa justificar todo, sino entender que muchas conductas no son falta de voluntad, sino inmadurez neurológica transitoria.
Emociones intensas: ¿por qué reaccionan de forma exagerada?
Durante la adolescencia, la amígdala, estructura relacionada con las emociones intensas como el miedo, la bronca o la frustración, se encuentra especialmente activa.
Esto provoca que los adolescentes:
Sientan todo con mayor intensidad
Reaccionen de forma impulsiva
Pasen rápidamente de la calma al enojo
No se trata de dramatización ni manipulación, sino de un cerebro más emocional que racional. Por este motivo, el rol del adulto como regulador externo es fundamental.
No es rebeldía: es exploración y aprendizaje
El cerebro adolescente está programado para explorar, probar, equivocarse y asumir riesgos. Estas conductas son necesarias para construir identidad y autonomía. Cuando los adultos interpretan estas conductas como un desafío personal, suelen responder con control excesivo o castigos, lo que aumenta el conflicto y debilita el vínculo.
Acompañar no significa permitir todo, sino poner límites claros sin romper la relación.
Pantallas, distracción y motivación
Otro aspecto clave del cerebro adolescente es la alta sensibilidad del sistema de recompensa. Las pantallas, redes sociales y videojuegos ofrecen estímulos rápidos, intensos y constantes, difíciles de regular.
Por eso muchos adolescentes parecen distraídos, desmotivados o desorganizados.
En lugar de reproches constantes, necesitan:
Rutinas claras y previsibles
Acompañamiento para organizarse
Acuerdos y límites sostenidos en el tiempo
Aprender a decidir: el valor de dar oportunidades
Nadie aprende a tomar buenas decisiones si nunca puede decidir. El desarrollo de la autonomía requiere práctica.
Ofrecer elecciones acordes a la edad, con supervisión adulta, permite que el adolescente:
Practique la toma de decisiones
Aprenda de los errores
Desarrolle responsabilidad
El error no es un fracaso, sino parte del aprendizaje.
El enojo y la comunicación: cuándo hablar y cuándo esperar
Cuando un adolescente está muy enojado, el cerebro racional queda momentáneamente fuera de funcionamiento. En ese estado, no puede escuchar ni reflexionar.
Intentar dialogar en medio del conflicto suele empeorar la situación. Lo más efectivo es:
Dar tiempo para que se calme
Evitar gritos y sermones
Retomar la conversación cuando ambos estén regulados
Primero se regula la emoción, luego se conversa…
El rol de los padres: acompañar, regular y poner límites
Los adolescentes no necesitan padres perfectos, sino adultos:
Emocionalmente disponibles
Firmes y coherentes
Capaces de sostener la calma
El adulto cumple una función clave como regulador externo, prestando su calma mientras el adolescente desarrolla la propia.
Esta etapa es transitoria. Con acompañamiento respetuoso, límites claros y comprensión, el adolescente puede atravesarla fortalecido, con mayor seguridad emocional y mejores herramientas para la vida adulta…
Comprender el cerebro adolescente permite dejar de luchar contra la etapa y empezar a acompañarla. Cuando los adultos entienden qué sucede a nivel neurológico, pueden educar desde la empatía, la firmeza y el vínculo.
Acompañar la adolescencia no es controlar cada conducta, sino sostener el proceso.
PSICÓLOGA VANINA CAPPA

